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Hablemos de la Luna.

Tengo un serio conflicto con quien creía que era una amiga incondicional, con la que he compartido horas intensas y entrañables, angustias y anhelos. A quien he confiado todas mis inquietudes y he hecho partícipe de mis desvelos. Esa que siempre me echaba una mano en momentos de indecisión para ayudarme a seguir adelante. Pero me he dado cuenta que se ha vuelto altanera y caprichosa porque sabe que tiene un gran poder sobre mí. 
Sí, es ella, la Luna. Ingrata que solo me utiliza para que la observe mientras se muestra brillante y orgullosa durante mis noches de insomnio, hasta que decide marcharse a descansar antes de que la apague la luz del sol.

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