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Sinopsis de LOS ATARDECERES DE JULIA

¿Cuántas mujeres se sentirán retratadas en esta novela? Muchas, sin duda. Aunque cambien las circunstancias sociales o vivan en otros lugares, el relato presenta unas coordenadas existenciales claras y fácilmente extrapolables: matrimonio al que se llega casi por inercia y en el que no hay pasión; vida sosegada, hijos estupendos, tranquilidad económica… Pero todos son logros y éxitos que no pueden ocultar el sinsentido de una vida que va transcurriendo vacía; hasta que llega el divorcio, que no es sentido como fracaso porque se convierte en la antesala del descubrimiento del amor. Descubrimiento cuando, justamente, más se puede saborear y valorar en toda su dimensión: la madurez. Cuando se tiene una edad con bastante recorrido se puede descubrir la profundidad neta de algunas emociones y pasiones. El amor adolescente, el juvenil, desconoce la hondura, sencillamente porque el joven es alguien que no ha vivido aún. Sin embargo, a cierta edad, si el alma y la piel están preparadas, la mayúscula de la palabra Amor hace acto de presencia. Es lo que le sucede a la protagonista del relato: sencillamente descubre el placer de sentirse viva, al amar y al sentirse amada. La tragedia posterior (que no es oportuno ahora desvelar al lector) es otra cosa. En esta novela, el colofón perfecto. No olvidemos que, en los cuentos literariamente decentes, no se puede acabar “siendo felices y comiendo perdices”.

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