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VIDAS ROTAS.

Párrafo de VIDAS ROTAS, el nuevo libro de Celia Velasco-Saorí.

images-225Cuando entró en el vagón, se sentó frente a un anciano de espesas cejas grises, que cubría su cabeza con un gorro de lana.

Para distraerse durante las catorce paradas que le quedaban hasta llegar a la Plaza de España, miraba a hurtadillas a la gente, estudiando sus gestos, sus muecas, sus tics… O agudizaba el oído para escuchar las conversaciones que mantenían los que la rodeaban, pescando retazos de algunas que, o bien la divertían o, por el contrario, la perturbaban.

Esa tarde, su atención se centró en el viejo de espesas cejas.

Tenía ojos pequeños y cansados.   images-221

“Su vida ha debido de ser dura –pensó al observarle-. Tiene unas manos fuertes y gastadas. Debe de ser de esos que han trabajado toda su vida de sol a sol, en el campo o en la construcción, para llevar a su casa el salario íntegro con el que poder mantener a una familia numerosa.”

Llegaron a una estación principal donde se apearon muchos pasajeros y entraron unos pocos más.

images-224“Quizás –seguía mirando al viejo-, es de los que se toma todos los días unos vinos con los amiguetes en el bar, porque tiene venillas rojas en la cara, y eso es señal inequívoca de bebedor. Es posible que sea viudo. El cuello de la camisa que lleva debajo del jersey, se ve sucio y deshilachado. Si su mujer viviera, supongo que no le dejaría salir así a la calle. ¡Pobre hombre! Sus hijos deben de tener una vida similar a la que él tuvo, por lo que no tienen tiempo de ocuparse del abuelo. ¿Dónde irá ahora este hombre? ¿Y de dónde vendrá? Puede que pase parte del día en el metro, yendo de una punta a otra. Aquí, por lo menos, se distrae viendo entrar y salir a la gente, y está calentado.”     images-218

Lee más sobre VIDAS ROTAS (de Celia Velasco-Saorí) Pronto…

images-197-Ha sido otro de los momentos más duros que he vivido con uno de mis pacientes, Esteban. Creo que el más cruel, brutal, inhumano y monstruoso. Me estoy refiriendo a Carmelo –Laura hizo una breve pausa para que su amigo se centrara en el personaje- . ¿Recuerdas que en su primera visita no fui capaz de sacarle una palabra? Pues hoy ha hablado. ¡Qué horror! Jamás pensé que se pudiera hacer tanto daño a una persona de forma tan cruel y mezquina. Fíjate como ha sido, que le he pedido en medio de su confesión que lo dejáramos para otro día, y no por el esfuerzo que notaba que estaba haciendo al recordar las brutalidades que había sufrido, sino porque, realmente, era yo quien no podía continuar escuchando tales atrocidades.images-56

-Tranquila, tesoro. Cuéntamelo y sacarás ese peso de tu interior.

-Es un chico gay, que desde pequeño ha sido maltratado por su padre, quien nunca admitió su condición de homosexual. Se escapó de casa con quince años porque no podía soportar las palizas que le daba su padre, quien creía que de esa manera podría quitarle sus modales tan poco masculinos. Después de mal vivir unos días en la calle, se encontró con unos transexuales que le acogieron en su casa. Más adelante, por razones que serían muy largas de explicar, se vio metido en un lío de drogas y, aunque no tenía nada que ver con ese asunto, terminó dando con sus huesos en un centro de menores. images-201

Y fue allí donde comenzó su auténtico calvario:
abusos y salvajadas aberrantes que le han dejado marcado de por vida. Ya te lo explicaré otro día con detalles, ahora me siento incapaz de verbalizarlo de nuevo y pasar por el mismo tormento que sufrí al escucharle.

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Laura se va al cine con su madre (VIDAS ROTAS) DE CELIA VELASCO-SAORÍ

Mamá, no tengo demasiado espacio en el ático, pero nos arreglaremos bien -le dijo Laura, cuando le tocó el turno a ella-. No he podido quedarme con el cuarto piso que tenía la abuela, que era más grande y estaba mejor acondicionado, porque hasta que no encuentre trabajo, tendré que organizarme con el dinero que me ha dado, que pienso devolvérselo cuando haya ahorrado algo. Además, tampoco necesito mucho más espacio para mi sola.images-189

-Estoy muy orgullosa de ti, hija mía. Has estudiado mucho y te mereces triunfar en la vida. Yo también te he traído algo de dinero para que te arregles hasta que encuentres trabajo.

-No, mamá. No te preocupes. Sabes que no necesito mucho para vivir.

-Cógelo hija, soy yo la que no lo necesito. Cuando encuentres trabajo me lo devuelves, si eso te hace sentir mejor.

-Gracias, mamá. Te lo devolveré. Estoy segura que encontraré algo pronto.

Y cambiando de tema, la cogió del brazo, y le preguntó:

-¿Qué te apetece si nos vamos al cine y nos inflamos a palomitas?images-186

-Me parece una excelente idea, hija. No sé cuándo fue la última vez que entré en una sala de cine. Posiblemente cuando todavía era en blanco y negro -sonrió.

Volvían a casa madre e hija comentando la película y riendo al recordar algunas escenas de “La jaula de las locas”, una divertida comedia que interpretaban Robin Williams, Nathan Lane y Gene Hanckman, entre otros grandes actores.

La noche estaba cerrada.

Una farola desprendía una suave luz amarillenta en la acera de enfrente, y solo la luna, casi llena, iluminaba la calle vacía y silenciosa.

De pronto les pareció escuchar unos pasos que se aproximaban cautelosamente.images-176

Asustadas, se apoyaron en un portal que tenía la puerta cerrada, un poco retranqueada, con lo que les pareció que nadie podía verlas, y se quedaron quietas unos minutos que les parecieron eternos, en los que solo se escuchaba el latir de sus corazones.

Allí permanecieron hasta que, una vez transcurrido un tiempo prudencial, y ya nada se oía en la calle, salieron cogidas de la mano a paso lento, descubriendo enseguida la silueta de un hombre acechándolas entre los coches aparcados.images-187

 

 

 

VIDAS ROTAS ( muy pronto nueva novela de Celia Velasco-Saorí)

images-174Cada mañana se despertaba gritando y maldiciendo, soltando por la boca toda clase de exabruptos contra todo el que se le pusiera por delante. Salía de la cama arrastrando su cuerpo a causa del resacón del día anterior. Y cuanto se encontraba con su mujer en cualquier rincón de la casa, la empujaba o la insultaba, para pasar a exigirle que le pusiera inmediatamente el desayuno en la mesa de la cocina.images-177

 

Manuela tenía el cuerpo cubierto de moratones y algún que otro hueso roto por una mala caída que no llegó a soldarse bien, pues nunca quiso denunciar a su marido, y por ello, no consintió ir a un hospital, donde sabía que le harían preguntas que prefería no tener que contestar. Así que ella misma se curaba las heridas y lesiones que le ocasionaba.

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VIDAS ROTAS (de la próxima novela de Celia-Velasco-Saorí)

LAURA NO SABE CONTROLAR SU ADICCIÓN AL ALCOHOL.images-169

Pero la mayor tragedia de la reducida vivienda, era tener que subir a pie los cinco pisos a través de una empinada escalera de altísimos peldaños de madera, que la dejaban sin aliento, y que, en las noches de excesos alcohólicos, la obligaban a subir gateando, para terminar acurrucada en cualquier rellano donde se quedaba dormida hasta que los vecinos más madrugadores, compadeciéndose de ella, la recogían y la ayudaban a llegar a su casa.

images-174-“Laurita, querida, ¡tienes que cuidarte más! Si tu abuela te viera… ¿Te imaginas lo triste que se pondría al verte en este estado?” –le recriminaba doña Engracia, la del cuarto izquierda, que, pese a sus años, subía las escaleras de un tirón.

-Sí, doña Engracia. Tiene razón –respondía entre tropezones, intentando alcanzar el próximo escalón-. Estoy tratando de controlarlo, pero me resulta tan difícil…

Los vecinos, personas mayores que vivían en aquel edificio desde hacía muchos años, eran como una gran familia. Conocedores del drama que la chica había pasado con su madre, y la gran amistad que les unió a su abuela durante tantos años, comprendían su estado de ánimo y se apiadaban de ella.images-176

-“No hace falta que te diga que si necesitas hablar con alguien, si quieres que te traiga algo del mercado, o cualquier otra cosa, puedes contar conmigo. Ya sabemos que trabajas hasta muy tarde, y que no tienes tiempo para hacer esos recados de ama de casa. Sabes que te apreciamos, Laurita.”

-Gracias de nuevo, doña Engracia, pero me las arreglo. No se preocupe.

Y regresaba a su pequeño mundo de cuarenta metros, íntimo e infranqueable, donde pasaba muchas noches en vela y horas de angustia infinita. images-179

 

Párrafo de VIDAS ROTAS, nueva novela de Celia Velasco-Saorí

Pese a lo mal que se encontraba, tenía que ir a trabajar.    images-163
Retiró la ropa que la cubría, mientras maldecía entre dientes haber conservado el viejo y tosco despertador de su abuela, que le hacía estallar la cabeza todas las mañanas con un repiqueteo ensordecedor.
Se incorporó poco a poco, y sin apenas abrir los ojos, que le dolían como si hubiesen sido fuertemente golpeados, se dirigió casi a tientas hacia la ducha, dejando caer el chorro del agua con fuerza sobre su cabeza durante un buen rato, recibiendo un masaje relajante que la fue despejando. Ese era el mejor remedio para las mañanas de resaca.images-162
Y hoy era una de esas en las que quieres morirte para no despertar jamás. Se puso un albornoz, envolvió su melena en una toalla, y se dirigió a la cocina, donde se preparó un Bloody Mary poco cargado de vodka, con el que se tomó dos aspirinas.
images-160Apagó la calefacción, que se le había olvidado cuando se metió en la cama, ya de madrugada, y el calor que desprendían los dos radiadores era sofocante para tan solo cuarenta metros de vivienda.
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